lunes, 20 de marzo de 2017

Como rezan las compungidas palabras del presidente Pedro Pablo Kuczsynski ante el colapso de la Carretera Central por el terrible "Niño" costero que azota al Perú, necesitamos (entre otras muchas obras) una nueva vía alternativa, pero esta vez si, en serio, como lo a propuesto el Colegio de Ingenieros del Perú hace varios lustros (mejor sería atravesando con túneles los Andes). Lo mismo se debe decir de cada una de las emergencias ocurridas, con carreteras, puentes, canales de irrigación arrasados, ciudades y poblaciones afectadas, etc. 
Esta catástrofe muestra varias verdades: 
  • "Ahorrar" en infraestructura cuesta vidas y dinero ..... 
  • El daño fuera mucho mayor sin los proyectos de irrigación, que construyeron reservorios que han paliado las consecuencias. Sin embargo, estos reservorios no han tenido mantenimiento, por lo cual se han colmatado, disminuyendo su eficiencia
  • La falta de planificación en la violenta urbanización del país ha pasado una factura desastrosa, cunado la población migrante ocupó quebradas que representan flujos de agua latentes, activados después de 40 años. 
  • Pasmosa ineficiencia de la administración pública a todos los niveles, pese a valiosas excepciones. Perspectiva reactiva, no proactiva.
La indignación ciudadana es masiva, y ya no se oculta; el manto de la tragedia debe conmover al gobierno, atrapado en el dogma del equilibrio presupuestal, para sumarse al impulso de China por Una Franja, una Ruta, como ya lo hace abiertamente Ecuador, Bolivia y Chile, y, además, mover el ahorro nacional excluyendo la especulación de la banca privada, que encarecería los créditos, a través de una Corporación Financiera de Infraestructura, de carácter público. 
19.3.17

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