martes, 3 de julio de 2018

Este blog ha presentado muchas oportunidades de inversión en infraestructura y productiva, consciente de la gran importancia de los mismos; y hemos seguido sus avatares; muchos de ellos, los mas prometedores, se han postergado o dilatado, y algunos pocos, están avanzando. 
El problema ha sido casi siempre, si no la corrupción desembozada, tipo "Lavajato", la inadecuada financiación, causada, a saber, por: 
- Bajos ingresos tributarios, provenientes de una estructura tributaria desigual, entre otros factores; 
- Altos costos financieros, producto de los rezagos de las crisis pasadas y de las "refinanciaciones" de la deuda pública, como las que hizo PPK en los últimos meses, 
- Recarga de sobre costos, penalidades y reparaciones civiles por parte del Estado, que puede llegar en los próximos años a un 70% del presupuesto de infraestructura; esto es fruto de la aplicación de las Asociaciones Público - Privadas;
- Arbitrariedad en la priorización de los proyectos de infraestructura por la ausencia de un Plan Nacional de Infraestructura, por lo cual sólo se prioriza los proyectos que den mas flujo de caja a los concesionarios privados . 
- Atomización del presupuesto en proyectos con mínimo impacto económico, cuando los proyectos mayores mas eficientes tienen mas requerimiento de inversión. 
Aunque las Asociaciones Publico - Privadas (APP) se promocionaron como un complemento eficaz para la inversión ante la crisis financiera de los Estados, en la actualidad, muchas empresas que optan por esta modalidad están comprometiendo el interés nacional, por lo mencionado, a excepción de las que usan el esquema de iniciativa privada (sin "co - financiamiento"). Los escándalos de Odebrecht mostraron hasta donde podía llegar la codicia sin medida en destruir la inversión pública. 
En realidad, las APP, siguiendo el concepto que Felix Rohatyn de Nueva York copió del régimen de Mussolini en Italia, son un pretexto para usar el exiguo presupuesto público de infraestructura para apalancar emprendimientos especulativos bancarios, dejando al Estado el riesgo y el financiamiento. 
Además, los ideólogos utopistas de la Sociedad Mont Pelerin, como F. Von Hayek (en la imagen, junto a Rohatyn) y L. Von Mises, aparentemente han impuesto su concepto que la planificación es mala, y que sólo los empresarios deben tomar decisiones en la sociedad.
Estas ideas se han vuelto hegemónicas en la enseñanza de la economía en las universidades en buena parte del mundo.  
Mientras tanto, la realidad sigue pronunciándose, como lo ha sostenido siempre este blog: regresemos a la obra pública clásica, con el uso del crédito público hamiltoniano, antes que sea demasiado tarde. 
03.07.18


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