Manuel Alberto Hidalgo Tupia
13 de Junio de 2026
En 2024 el
presidente chino Xi Jinping en su visita al Perú, quiso significar el camino
para un bienestar futuro para nuestro país comparando el mega puerto de Chancay
como el nuevo Qapac Ñan, el Camino Inca, como el símil de la Ruta
de la Seda histórica que unía a China y el continente euroasiático, incluyendo
a África, y no uso sólo una metáfora histórica, sino una recurrencia histórica
sobre lo que significó entonces y significan ahora como poderosos arquetipos dichos
portentos de ingeniería y organización para el bienestar de los pueblos.
Modernamente hablamos de los corredores económicos, pero el concepto se
aplicaba mucho antes en términos prácticos por los gobernantes más visionarios
con todos los continentes.
La admiración del gobierno y la sociedad china al conocer el carácter civilizatorio del Tahuantinsuyo Inca y las culturas que lo antecedieron, tejiendo una red de alianzas de reciprocidad y de compartición de tecnologías agrícolas, de conducción de agua, y de organización social y política, y cuyo elemento clave fue su arteria principal, el Qapac Ñam, de 30,000 kilómetros, que solo se podía conservar y utilizar gracias a esa inmensa red de alianzas con los diferentes pueblos y etnias que conformaron el vasto imperio. Un camino que vencía cordilleras, altiplanicies y desiertos llevando vida por estrechos corredores, son el testimonio de ese esfuerzo organizacional involucrando a cientos de comunidades nativas. China ve muchas similitudes entre su cultura ancestral y el Tahuantinsuyo, integrado por territorios y etnias que hoy corresponden a Colombia, Ecuador, Perú. Bolivia, Chile, Argentina y por gravitación a Paraguay.
Este integracionismo
ancestral es más que un modelo y una inspiración para la acción hoy. La visión
geoestratégica de construir corredores longitudinales y transversales con una
perspectiva bioceánica por una civilización como la Inca que, dominando el
bronce, alcanzó escalas mayores en organización y comunicación civilizatoria. Y
que, sin embargo, como un desarrollo del “hinterland” de un subcontinente, es la
pesadilla y el enemigo a vencer por el multicentenario designio imperial anglo
holandés.
Después del
impacto biológico (caída demográfica) de las enfermedades que trajeron los
españoles, y del caos que provenía en parte de la entronización del régimen
español y en parte de las guerras civiles dentro del propio Tahuantinsuyo, el Virreinato
siguió el mismo orden de desarrollo demográfico y político del Tahuantinsuyo, estableciendo
una temprana alianza con las familias incas y los líderes de las diferentes etnias,
aprovechando los saberes de milenios de historia humana del mundo eurasiático y
africano.
Así, además de las poblaciones nativas reubicadas, las ciudades “españolas” se fundaron en los mismos sitios en que existía por decenios y siglos comunidades nativas, que eran parte de los cuatro Suyos, muchas comunidades en Argentina y Chile actuales provenientes como “mitimaes” (colonos) de las comarcas de los Actuales Ecuador, Perú y Bolivia.
El profundo
conocimiento geográfico de los incas, culmen de la sabiduría sudamericana, dominaban
el carácter bioceánico del subcontinente, que el Inca Túpac Yupanqui pudo
aquilatar con su visita a los territorios de la actual provincia de Buenos
Aires, en la actual República Argentina, 100 años antes de la llegada de
Pizarro. El gran Camino Inca se pensó para unir en el futuro el Pacífico con el
Atlántico, partiendo de las cumbres andinas.
Después de la
gran experiencia del imperio de los Cuatro Suyos y del Virreinato, y después de
la atomización en pequeñas repúblicas, impuesta como precio por el “apoyo
británico” a la Independencia, la expresión cultural y política de los países
hispanoamericanos anheló la integración hispanoamericana, expresada en términos
políticos, comerciales, culturales, pero, debemos reconocer, pocas veces bajo
un enfoque de Geografía física, como lo era el Camino Inca. Quisimos integrar
el comercio, pero sin integrar los territorios y las economías, por lo cual los
grandes esfuerzos en especial del siglo XX nos dejaron en el mismo sitio: el
aislamiento y el subdesarrollo. En el siglo XIX, el Callao estaba más cerca a
Londres que a …. la Amazonia peruana.
Las ideas también
estaban en movimiento. En 1984, el Instituto Schiller pública el libro “La
Integración Iberoamericana: 100 millones de nuevos empleos”, poniendo en primer
término el concepto actualizado por el pensador norteamericano Lyndon LaRouche
de los corredores de desarrollo. Se ponía énfasis en la construcción de
la infraestructura física la incorporación de los mejores avances tecnológicos
y en especial de la energía nuclear.
El año 2000 los presidentes latinoamericanos esbozarán la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana, IIRSA, el siguiente gran Jalón de la tendencia de la integración física, que tanto hemos documentado en el presente blog, fue la generosa oferta de China de contribuir en la extensión de su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, también conocida como Una Franja Una Ruta, a nuestro subcontinente, proponiendo apoyar, desde el 2014, por la conexión bioceánica Brasil Perú, ¡propuesta desechada por los presidentes Temer de Brasil y Pedro Pablo Kuczynski del Perú!. Increíble.
Solo un enfoque
desarrollista, el de los corredores económicos, o el nuevo Qapac Ñan integrado
a la Nueva Ruta de la Seda, pude hacernos salir de la estéril y caótica dinámica
izquierda derecha.












